miércoles, 8 de febrero de 2012

Resurge un estudio del cine de horror


El director John Carpenter dijo en una oportunidad que ver de chico "La maldición de Frankenstein", el primer éxito gótico de Hammer Film Productions, lo transformó. Y Martin Scorsese ha descrito el sombrío "Frankenstein creó a la mujer" como "rayano en lo sublime".

Sin embargo, la pequeña empresa británica avanzó con dificultades hasta los años 1970, cuando finalmente abandonó la producción justo cuando el género de horror hizo explosión.

Revivir a Hammer, sobre la base de secuelas y nuevas versiones, resultó mucho más difícil que reanimar el monstruo de Frankenstein.

El desafío es el de capitalizar el afecto que siempre despertó Hammer actualizando a la empresa. En sus días de gloria, que se iniciaron en los años 1950, las películas fueron pioneras en razón de su Technicolor suntuoso, su franqueza sexual y una mezcla impensable de clase y explotación provocativa. No obstante, los filmes de Hammer son relativamente desconocidos para el público joven.

Las primeras iniciativas del Hammer nuevamente en marcha, entre otras la aclamada versión de "Let Me In" (Déjame entrar) y "The Resident", no fueron grandes éxitos de taquilla.

De todos modos, Oakes, dijo que sólo se trató de "elementos de base" para su próxima película, una adaptación de "The Woman in Black" que se estrena en el mundo entero este invierno y cuya realización tuvo un costo de 13 millones de dólares.

Como todas las películas clásicas de Hammer, esta historia de fantasmas, rodada en Gran Bretaña, es una pieza de época con un pedigrí elegante. En su primer papel después de Harry Potter, Daniel Radcliffe interpreta a un abogado abrumado por la culpa que comienza a ver fantasmas mientras avanza en la sucesión de una mujer muerta. "Para que Hammer tenga éxito, es necesario honrar su legado", dijo Oakes.

Hammer fue fundada en 1934 por un grupo encabezado por un cómico de nombre William Hinds (su nombre escénico era Will Hammer). Sus películas más sólidas y exitosas fueron dramas góticos con monstruos clásicos de Universal Pictures.

Este ciclo arrancó en 1957 con la tensa "Maldición de Frankenstein", considerablemente alejada del clásico de Boris Karloff. Hammer amplió el personaje del doctor y presentó al monstruo bajo una faz más humana. En una década llena de platos voladores y bestias inspiradas en la era atómica, los elementos de miedo de Hammer solían encontrarse en los primeros planos del rostro humano. También se introduce subrepticiamente en estas producciones aterradoras un ingenio inglés cáustico. Peter Cushing, uno de los dos actores más grandes de Hammer, interpretó al Dr. Frankenstein frente a Christopher Lee, interpretando al monstruo. Después de ayudar al monstruo en un asesinato, Cushing abre la siguiente escena en el desayuno, con un civilizado "Alcánzame la mermelada".

El éxito de "La maldición de Frankenstein" llevó en 1958 a El horror de Drácula, donde el vampiro de Lee cautivó a un Scorsese joven que hace poco lo contrató para hacer un papel en "Hugo".

Las películas de Hammer, llenas de pechos palpitantes, solían ser más explícitas en materia de sexo que de violencia. "La gente quería mujeres bellas con el charco de sangre", dijo Shane Briant, que trabajó en cuatro películas de Hammer.

A comienzos de los 70, películas de horror estadounidenses como la brutal "Texas Chainsaw Massacre" (La matanza de Texas) y "El exorcista" hicieron que Hammer pareciera almidonado.

Hammer puso a los vampiros en un contexto moderno ("Dracula A.D. 1972") y presentó vampiras lesbianas desnudas ("The Vampire Lovers"). Pero esos intentos resultaron aleatorios y desesperados.

La ofensiva hacia un material más explícito y atroz en el horror no ha cedido, pero en vez de tratar de competir, el nuevo Hammer se ha vuelto provocativamente más exclusivo. "Déjame entrar" es una de las remakes de horror que mejores críticas recibió. Y el director de "The Woman in Black", James Watkins, dice que la idea no es sólo dar miedo. La película "trata de algo", dijo. "Tiene que ver con la pérdida". Y no hay ningún pecho palpitante de turno.
Texto: Revista Ñ

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